Sí, los vuestros. Los míos, no. Ya os dije que soy una madre feliz. Se portan mal tus hijos.

Leo hace unos días un artículo titulado “¿Por qué se porta mal mi hijo?” (y las respuestas dadas) La verdad es que ya de leer la pregunta se me despierta la úlcera, me dan sudores y me entra un incontenible deseo de meterme debajo de la cama.

Lo admito, tengo tendencias “culposas” (que no culpables): enseguida pienso ¿qué estoy haciendo mal? Claro que también albergo en mí infinitas “personalidades” que salen conforme saltan las alarmas, como era el caso. Así que el “agente del orden” que llevo dentro salió en mi ayuda (nótese el nombre del personaje ¿eh? Agente del orden… bendito sea)

“!Eh, para¡ ¿Aquí qué pasa? Vamos a buscar dónde está el fallo.

¿Dónde está el fallo?

Hemos quedado hace tiempo que los juicios, no son mas que eso, juicios, no realidades. Que todos hacemos lo correcto en el momento en que lo hacemos. Que es muy fácil juzgar cuando algo ha pasado (y también muy injusto). Que somos buenos tal y como somos…”

Entonces no soy yo…tampoco mis hijos. Ellos no se portan mal, sino que la Sociedad y yo los juzgamos. Solo entonces es cuando se portan mal.

“Portarse mal” es un encuadre que hacemos cuando no se cumplen nuestras expectativas o no se satisfacen nuestras necesidades.

“No para, me contesta mal, me desobedece, no hace…(X), coge rabietas…”

Si mis expectativas son un hijo perfecto y feliz (a la vez) y mi necesidad es ser una madre perfecta y feliz (también a la vez)…ya tenemos el pastel.

Tal vez deberíamos revisar los conceptos “perfecto” y “feliz”. ¿Correcto y sin sufrimiento? ¿impecable, sin mancha y sin obstáculos ni contrariedades? Tal vez deberíamos revisar nuestras expectativas y necesidades. Tal vez deberíamos ampliar la mirada, además de con más perspectiva, con más “ojos”, esto es, además de los ojos de nuestro cuerpo y nuestra mente, incluir los ojos de nuestro corazón.

Si cuatro ojos ven más que dos…! imaginaos seis¡