Vivimos en la era de la Inteligencia, la Superdotación (intelectual), las Inteligencias Múltiples…estamos atrapados en la corriente del término Inteligencia y prácticamente sometidos a él, a la diosa Inteligencia.

Desarrollamos programas de estimulación cognitiva, de activación de la inteligencia, para superdotados, para infradotados, para analfabetos emocionales, para bebés, para niños de la escuela infantil. Se desarrollan técnicas, estrategias, gimnasia, métodos.

Sólo en la Casa del Libro, por citar una gran librería, aparecen 5012 libros publicados que contienen la palabra inteligencia en su título. Uno de los títulos que me parecen más significativos es el que dice que Todos los niños pueden ser Einstein. ¡Válgame el cielo!

Y mientras miramos una parte, olvidamos el todo.

Quiero que mis hijos no sean más inteligentes sino más conscientes

Yo no quiero que mis hijos sean “más” inteligentes. Quiero que sean más conscientes. Por lo que sé, y veo en ellos, con la inteligencia que tienen, les sobra y les basta: leen, escriben, calculan, establecen asociaciones, tienen buen vocabulario, comprenden, deducen, inducen, y van aprendiendo los contenidos curriculares de la escuela con total normalidad (cuando se ponen a ello)

Tras años de trabajar en Centros Escolares como psicóloga escolar y de haber participado en esa corriente de “inteligentismo” (permítaseme la expresión) sigo sin saber para qué se necesita “aumentar la inteligencia” si no somos capaces de ver más allá de nuestro intelecto o del intelecto de nuestros hijos.
Sin despreciar el valor de la inteligencia, yo quiero hijos más conscientes para que, además de pensar más y mejor, puedan “ver más allá”, más y mejor.

Quiero que además de tener mejores ideas, sean libres y capaces.

En realidad quiero que, parafraseando el título del libro, además de como Einstein, sean como Siddhartha Gautama.

Pensaba escribir sobre “más consciencia y menos inteligencia” (pero eso sería poco inteligente y poco consciente). No se trata de elegir entre ambas, ya que son interactivas. La inteligencia es al ego, lo que la consciencia es a la esencia de cada uno. La inteligencia nos da el soporte para permitir la consciencia, y al liberar la consciencia, alimentamos la inteligencia.

La diferencia está en que la consciencia es ilimitada, y la inteligencia tiene un límite. La consciencia la tenemos, la inteligencia la desarrollamos. La consciencia hay que soltarla, la inteligencia, trabajarla. La inteligencia se estimula, la consciencia se permite…

Si ya está demostrado que nuestro consciente es aproximadamente un 5% (en el mejor de los casos) y el resto, el 95% está en nuestro inconsciente, ¿qué hacemos potenciando el consciente con la inteligencia? ¿no sería mejor potenciar el inconsciente con la consciencia?.

“Todos los niños pueden ser…¿Einstein? ¿Siddhartha?…¡conscientes!”