Uno de los principales problemas que se dan en la comunicación con nuestros semejantes queridos (pareja, amigos, hijos, colegas, alumnos…) es cuando decimos algo que está claro para nosotros y damos por hecho que no lo va a repetir: es el “deberías saberlo que te lo he dicho mil veces”…

Creemos que por decir algo el otro lo va a recordar. Y lo peor es que a eso añadimos que si no lo hace es

 

  1. por fastidiar
  2. porque no me quiere
  3. porque es imbécil…

 

La tragedia está servida. Cuando le decimos a alguien que “no haga algo”, que algo “nos molesta” y esperamos que “no se vuelva a repetir”, y se repite…o “te lo acabo de decir y has vuelto a hacerlo”

Apoyamos la esperanza en que el otro se “acuerde” (memoria) sin comprobar si es consciente (sabe y entiende) de lo que le hemos dicho y de lo importante que es para nosotros.

Entre memoria y conciencia

Una cosa es no recordar y otra es no ser consciente. Es el debate entre memoria y comprensión, recordar o ser consciente. Que yo exprese mi malestar o lo que quiero no quiere decir que lo entiendas, o que lo entiendas igual que yo, ni que seas consciente de lo que supone para mi.

Deberías saberlo…es igual que deberías recordarlo?…o mas bien,  que deberías ser consciente?. Transmitimos experiencias y deseos como si fueran datos. Solo transmitiéndolas como experiencias hacemos consciente al otro.

A veces nos olvidamos que los principales interesados en que el otro nos de lo que le pedimos somos nosotros y le damos absolutamente toda la responsabilidad de entendernos.

Tal vez si usamos nuestra responsabilidad de ser entendidos y nuestra capacidad de ser escuchado resolvamos mas dulcemente la tragedia cotidiana de “ni me entiendes ni te escucho.” Nos ahorraríamos muchos conflictos.