Todos sabemos lo importante que es tener autoestima…hoy en día casi el 90%de nuestros problemas personales y de relación, escolares, familiares…se pueden explicar como “falta de autoestima”.

“Hemos de querernos más” lo oímos por todas partes, lo leemos en los libros de autoayuda, nos lo dice nuestra madre…y asentimos emocionados, con el firme propósito de hacerlo, convencidos que sabemos la solución a nuestras inseguridades, depresiones, conflictos.

Y viene la pregunta del millón: y eso ¿cómo se hace?

Entonces aparecen los millones y millones de artículos y libros con la respuesta del céntimo…( que la del millón no es ya que no tiene valor, porque no sirve):

Deja de buscar la aprobación de los demás, deja de juzgarte, regálate tiempo, haz deporte, cambia tus expectativas, piensa en positivo, acéptate y perdónate, no te compares… son las respuestas brillantes, que nos guían una vez más a comprobar que no tenemos autoestima ni sabemos cómo conseguirla¡¡¡

Bonito círculo vicioso.

Es la autoestima para torpes: como no sabes lo que tienes que hacer, yo te lo digo, y tú lo haces.

¿Cuál sería la no autoestima para torpes?

La de los listos. La que produce resultados evidentes para el que la practica.

Si entendemos que la autoestima es el aprecio o consideración que uno tiene de sí mismo, basado en sus creencias, percepciones, evaluaciones, pensamientos ¿no deberíamos revisar esto (creencias, percepciones) en lugar de lanzarnos desesperadamente a la acción?

Tal vez podríamos cambiar el paradigma instruccional por el paradigma de la conexión: aquel en el que conectamos el conocimiento mental con el emocional fusionando estas dos maneras de percibir e interpretar la realidad y haciendo que confluyan para saber, conocer.

Crear un encuentro consciente entre el sentir y el hacer. Haz lo que sientes y siente lo que haces, no te equivocarás.

Es lo que se llama “sentipensar” y tiene su razón de ser en la fusión de dos energías: sentir y pensar.